Enrique A. García Cuélla

Cuando los chinos inventaron la pólvora, la usaron para festividades fastuosas, llenas del colorido que puede ofrecer el contraste del cielo nocturno. Luego el hombre halló la forma de aniquilar al otro mediante el estallido de tan revolucionario invento y la historia empezó a escribirse con las armas de fuego.

Sin embargo, el combate naval que se escenifica en Chiapa de Corzo cada año, recupera la capacidad lúdica del hombre, su posibilidad de jugar a recrear el universo. La pólvora recobra su finalidad original de iluminar el oscuro firmamento, de llevar la luz de la sorpresa a las alturas y reflejarla en el río manso, dador de vida, el río Grande de Chiapa.

La habilidad de los artistas de la pirotecnia les permite predecir lo que habrá de suceder en el cielo en el momento del estallido. Sus secretos dibujan en el cohete el destino de las partículas que habrán de encenderse en ciertos colores en el momento preciso. Diseñan el embrión de lo que será espectacular, como lo hace la naturaleza con cada uno de nosotros. El artista pirotécnico sabe que, una vez desatado el fuego, subirá un cilindro al cielo para hacer un segundo estallido y liberará formas geométricas de exactitud pasmante o formas caprichosas de colorido luminoso en el estruendo fugaz, como metáfora de la felicidad misma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El gozo de la pirotecnia es el gozo de la vida: momentáneo pero intenso e iluminador. En la fiesta popular llueve luz esplendorosa y se apaga en su caída; en la intimidad humana nos ilumina el desnudo femenino en una habitación oscura, y su fuego se apaga también luego del goce lúdico, de la intensidad fugaz.

La noche se dejó recortar por la luz multicolor. Los niños miraban con deleite. Imagino que imaginaban el origen del universo, el big bang, la fuerza creadora inicial.

Combate que es un combate a la guerra, porque la pólvora tiene el uso pacífico de la inteligencia y la creatividad. Combate al cielo oscuro para que su contraste nos diga que la vida bulle. Combate a las inercias y canto a la fiesta del hombre siempre renovado, con un bagaje de luces impredecibles y nuevas que habrán de centellear un día para que la creación sea.

Chiapa y su pirotecnia nos seguirán sorprendiendo por años, para que aprendamos que la vida es luminosa y colorida, de fuego para la paz interior, fuego latente que de vez en vez nos hace estallar en goce cuando el amor nos invade, fuego que habrá de apagarse con nuestro último aliento y regresaremos a la tierra para ser pólvora de paz algún día…